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Enrique de Diego |
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| La Real Senyera Valenciana i el falso pendon de la conquista
(5806 palabras totales en este texto) (4040 Lecturas) 

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Comunidad Valenciana,"¿una nación ocupada militarmente?" Por Ricardo García Moya
Nos falta perspectiva histórica, pero cuando pasen los años recordaremos a la joven --denigrada por las fuerzas del eje-- que se opuso al insulto y la manipulación que los militantes de Esquerra Republicana de Catalunya practican a diario en nuestro Reino de Valencia.
No conozco a la joven en cuestión--aunque la admiro--pero sí a lo que se enfrentó en los locales de la sociedad política "EI Micalet". Precisamente ayer, 30 de enero de 1995, se presentaron los comisarios de ERC en un centro de enseñanza de Alicante -en la biblioteca-, adoctrinando a los estudiantes alicantinos con la obsesión de este partido: "Valencia debe pertenecer a la nación catalana y lograr la independencia de España".
Hay que respetar todas las ideas -es lo grandioso de la democracia-, pero tenemos que desenmascarar a los que camuflan su proyecto político -amparados por el boletín de la ciénaga en Valencia- con manipulaciones y falsedades. Analizando los impresos que entregaban a los alumnos en Alicante -con los disparates de Angel Colom- valoraremos mejor lo sucedido en el Micalet. EI político catalán trata de engañar a los estudiantes con su eslogan de "Reconstruïm Catalunya", dando a entender que el Reino de Valencia perteneció a ella en el pasado.
Propagan -en un impreso con la imagen del Micalet que: "Cataluña padece, desde el 25 de abril de 1707, 287 años de ocupación (...) actualmente Cataluña -a la que pertenece el País Valenciá, Pitiuses, etc.- está desunida artificialmente por razones políticas". Señor Colom: en 1707 no había sido ocupada Cataluña, pues hasta 1714 perteneció al archiduque austríaco. EI Reino de Valencia, por el contrario, fue conquistado en tal fecha por Felipe V; pero los valencianos odiaban tanto a los franceses como a los catalanes, que actuaban como cuadriIlas de ladrones ("latrones catalanes", según los documentos), siguiendo al ejército inglés para recoger migajas del saqueo. Se puede engañar aviesamente, como hace la Generalidad de Lerma con el catalanismo; pero ustedes, por decirlo educadamente, son toscos.
Cómo se atreven a envenenar a los valencianos de 14 años diciéndoles que: "la independencia es posible (...) nuestra nación está ocupada militarmente y ahora es el momento propicio".¡Vaya consignas tan pacíficas! Visto el ejemplo del País Vasco, ERC quiere que los valencianos se lancen a luchar por la nación catalana. La mentira y el cinismo acompañan a Colom y Rahola, pues podrían aportar algún documento--aunque fuera uno sólo--que demuestre que hemos pertenecido en alguna ocasión a Cataluña? Jamás lo hubieran consentido nuestros antepasados.
Yo me solidarizo con Ios jóvenes que se enfrentaron al expansionista Colom. Otra cosa es que fuera con un programa político y lo defendiera sin el engaño y la manipulación. Los insultos que infiere a Valencia pueden parecer música celestial a los estudiantes que sufren la inmersión; pero los jóvenes que acudieron al Micalet sabían a qué territorio pertenecían y no eran renegados.
¿Cómo se atreverán a hablar? Un semanario catalán (mimado por la Generalidad de Lerma) destacaba la hazaña de un grupo de gamberros de la extrema derecha catalana - afines ERC-- que insultó a Aznar y le recordó que "no estem a Espanya, burro". Por supuesto que la revista no critica a estos chicos; más bien saborea el percance y resalta que "el rector de la Universidad de Lérida no quiso recibir a José Mª Aznar" (Temps; 28-11 -94). EI delito cometido por Aznar fue pronunciar Lérida y no Lleida. ¿Qué habrían hecho si Aznar afirma que Cataluña es parte de Castilla?
Esta revista -que tácitamente aprueba la defensa agresiva de sus ideales-, es la misma que instiga, persigue y achucha contra los valencianos del Grup Vinatea que - dado el increíble hieratismo de Lerma ante la apropiación de nuestra cultura- protestaron en EI Micalet contra el expansionismo catalán de Colom. Los valencianos mantenemos un combate amañado y lo que se avecina puede ser grave. Cuando en 1975 comenzó tímidamente la transición a la democracia, muchos temíamos que los miles de agentes franquistas que ocupaban puestos en la administración opusieran resistencia al cambio. Pero todo discurrió bien, salvo excepciones. IncIuso los famosos encargados de la Formación del Espíritu Nacional, discretamente fueron integrándose en actividades más útiles a la sociedad. Lo que nadie sospechaba es que una situación similar podría repetirse en la CV después del mayo del 95... si el eje pierde el poder.
EI felipismo se derrumba. Lo que nos vendían como Parnaso de honradez, cultura y progresismo ha devenido en tétrico osario anidado de raposas, monstruos de Gila y majaras alopécicos. Parece inevitable que esta basura será barrida en la urnas; pero -aquí está el problema- hay indicios de que los comisarios encargados de la implantación del catalanismo- incrustados en todos los laberintos administrativos (sindicatos, educación, Canal 9, prensa del eje, etc.) entiendan que su misión de sembrar odio y liberarnos del valenciano y español ha sido rechazada .
En otras comunidades de España no existirá problema con el cambio democrático, pero aquí están fraguando la resistencia numantina miles de inmersores. Estas son las auténticas fuerzas de ocupación (no las que dice Colom).
Por cierto, analicen los panfletos de ERC y Ilegarán a la conclusión de que la joven del Micalet merece un monumento. Mientras tanto, la ciénaga valenciana continuará subvencionando publicaciones que enaltecen a personajes como Nuria Cadenas (Gorc, desembre 94) y humillan a la valenciana del Micalet.
Las Provincias 31 de Enero de 1995
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La Real Señera en la Sierra de Espadán Por Ricardo García Moya
Hoy, 9 de octubre, es una ocasión propicia para recordar acciones protagonizadas por nuestro máximo símbolo vexilológico. Una de éstas fue la ejecutada por el ejército del Reino de Valencia, presidido por la Real Señera, para sofocar el alzamiento morisco en la Sierra de Espadán en 1526. Los sublevados -más de 5.000 con la incorporación de moros aragoneses o "tagarinos"- se habían adueñado del abrupto lugar, saqueando los arrabales de Segorbe, Onda y Vall de Uxó. EI 20 de mayo, un mensajero de Onda llegaba a Valencia pidiendo auxilio, y con la noticia del degüello de los habitantes de Chilches
. La capital no pódía dejar indefenso a su territorio. EI 7 de junio se activó la maquinaria bélica del Reino con la protocolaria colocación de la Real Señera en las Torres de Serranos; acción que significaba la declaración de guerra "a sang y foc". Durante los días en que la bandera estuvo expuesta en las torres -mientras las fuerzas del Reino iban organizándose-, jamás permaneció sin custodia: "la guardaren de dia y de nit vint homens del Centenar de la Ploma". Parece que no existía en la Corona de España -y puede que en ningún otro reino europeo- una bandera que tuviera para su defensa una compañía armada, como sucedía con la Real Señera. Sobre el aspecto que ofrecía en 1526, si observamos su imagen en los portulanos de la Hispanic Society of America, vemos que era idéntica a la actual, con barras coronadas sobre la franja azul; sólo difiere de la medieval (Biblioteca Nacional de París, Ms. GE. 8.8268) en que Ilevaba cuatro barras, no dos como la del manuscrito parisino.
EI ejército valenciano Ilegó el 19 de julio a Onda; donde quedó custodiada la Real Señera en el cuartel general. Hay que decir que nuestras fuerzas no se habían recuperado totalmente del varapalo de la Germanía, especialmente de la matanza que tropas catalanas y castellanas -al servicio de la nobleza- cometieron con los valencianos el 18 de julio de 1521, cuando "entre Almenara y Morvedre quedaron tantos muertos como cepas de viñas". En conse.cuencia, en el asalto a la Sierra de Espadán, el ejército del Reino -debilitado por el mal de Almenara- contó con el refuerzo de 4.000 lasquenetes alemanes, cedidos por el rey Carlos I de Valencia.
Precisamente, los alemanes tuvieron el honor de acompañar a la Real Señera por el regreso triunfal a Valencia, "entrárenla per damunt lo portal dels Serrans", merced concedida por el gobernador del Reino Don Hieromi de Cabanyelles, al tener autoridad sobre el protocolo de la regnícola enseña.
Hay muchos detalles que han sido interpretados erróneamente en nuestros días. Un Jurat en Cap de 1526, de los que acompañaban a la bandera junto al gobernador del Reino, no equivalía a un concejal del actual Ayuntamiento de Valencia, sino al de un alto mando del ejército. Así, cuando en las Germanías sale la Real Señera a Campaña, se ordena a las tropas de las ciudades "que obedescan (sic) por Capitán General al Jurado en Cap de Valencia" (Viciana, MS. 46. Bib. de S. Cruz. Valladolid). Respecto al traslado de la Real Señera, por su excesivo peso y cuando el trayecto lo requería, el Justicia Criminal cabalgaba a la "estradiota", obteniendo estabilidad para portar la enseña.
No hay duda que si otras regiones norteñas hubieran tenido un estandarte como la Real Señera y una compañía armada para su custodia, habrían recuperado la tradición de la manera más fastuosa y, además, se encargarían de divulgar sus peculiaridades "en todas las Universidades del mundo", (como dicen ellos). Aquí sucede lo contrario: terroríficas mentes aniquilan con chimeneas de chatarra y hexaedros de cemento el casco histórico donde nuestros antepasados vivieron días de gloria.
Tras la victoria en Espadán, la entrada triunfal de la Real Senera en Valencia (25 de septiembre de 1526) fue apoteósica: cuatro mil alemanes de cinco en cinco en hilera, con escopetas, picas y "espases de tres palms, amples com tres dits" formaban la vanguardia del desfile; después "venien los tabals, trompetes y ministres" y el Justicia Criminal con la Real Señera o bandera del Rat Penat junto a "Hieroni Cabanyelles", governador general del Reyne de Valencia, ab oficials reals e lo capitá dels alamanys Rogondolfo" y las compañías valencianas.
Tanta expectación como los alemanes -especialmente la compañía armada con "espases de dos mans"- despertaba en el ejército del Reino los famosos cañones de Xàtiva, artillería de campaña que ya estuvo presente al comienzo de la sublevación en el cerco de Benaguacil: "las dos bombardas de Xátiva; la que se llama el Buey y la que se dice el Puerco". Precisamente en la solemne entrada de la Real Señera en la catedral, y en el ceremonioso ingreso en la Sala del Archivo, se dispararon grandes cañones: "Quan arribá la Bandera a la Seu y a la Sala, tiraren grans bombardes".
Por tanto, en 1526 la Real Señera fue acompañada por miles de lasquenetes alemanes v compañías valencianas, grandes cañones de Xàtiva, cuerpo armado del Centenar de la Ploma y el Virrey, música marcial de atabales, pífanos y trompetas. Y no es por molestar. ¿Pero, hubo en alguna de las que ahora se titulan "comunidades históricas" (Cataluña, País Vasco, Galicia...) una bandera equiparable a la Real Señera en cuanto valor material, histórico y protocolario? Sospecho que no.
Las Provincias 9 de Octubre de 1996
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La Real Señera y la heráldica de Inglaterra Por Ricardo García Moya
No somos unos desconocidos para Cronos. Nuestro Reino tiene más antigüedad que Norteamérica, Gran Bretaña o -por citar algún territorio cercano-, Cataluña. Es la realidad, nadie aportará documentos en que conste algo así como principado o Condado de Cataluña anterior a los que exhiben Reino de Valencia en sus líneas. Pues bien, en pretérito tan dilatado hubo una efímera relación heráldica entre los reinos de Inglaterra y Valencia.
Antes de abordar el asunto, tendremos que recordar que la simbología de la Real Señera -barras, corona y rat penat es la misma que representó en los escudos a la ciudad y reino desde la Edad Media hasta la confusión heráldica del Barroco. EI historiador Méndez Silva, por encargo de los Habsburgo, daba fe de ello: "El Reyno de Valencia hace por armas en una tarjeta cuadrangular coronada las cuatro barras; al timbre, un murciélago" (Méndez, R.: Poblamiento. Madrid 1645, p.199). No obstante, por falta de espacio o ignorancia, en ocasiones se suprimía el rat penat.
Precisamente fue bajo los Habsburgo españoles, hacia 1550, cuando se planteó a los heraldistas este dilema: ¿cómo podrían incluir en poco espacio la heráldica de todas las posesiones del emperador? Era imposible y se optó por dar prioridad a los reinos cabezas. EI proceso se puede analizar en los escudos de las pragmáticas conservadas en la biblioteca de Santa Cruz de la Universidad de Valladolid. La amabilidad de su directora, doña Pilar Rodríguez, nos facilitó la reproducción. La editada en 1556 muestra el escudo de Carlos I con sus estados de la Corona de España y -en el ángulo superior derecho, limitado por heráldicas de Sicilia y Navarra-, el losange de barras coronadas del Reino de Valencia. También están los de Castilla; León, Hierusalem (sic), Aragón y las cuatro cabezas de moros del reino de Cerdeña. EI condado de Barcelona o Cataluña no figuraba al ser título menor, como el "Señorío de Viscaya".
En el mismo 1556 se producía la abdicación de Carlos I, hecho que complicó la labor de los diseñadores de escudos imperiales. EI nuevo rey Felipe II, por su matrimonio con la reina inglesa María Tudor, se titulaba rey de Inglaterra; honor que la heráldica debía destacar, aunque fuera a costa de los valencianos. Las pragmáticas impresas en 1559 mostraban -en el lugar que ocupaban las barras coronadas del Reino de Valencia- los tres leones (o leopardos) de Felipe II como rey de Inglaterra. Poco después, los ensueños felipistas quedaban truncados tras el desastre de la Armada Invencible, pero el escudo del Reino de Valencia jamás volvió a figurar en la adarga española.
Respecto a la ausencia del rat penat sobre la corona, no suponía que estuviera relegado en 1556. La autorizada opinión del aragonés Jerónimo de Blancas, cronista de Felipe II, recuerda en "Aragonensium rerum commentarii", que el "murciélago era blasón del Reino valenciano, como lo ha sido hasta el presente en las enseñas militares". EI historiador (que no era un garbancero intelectual como Eliseu Climent o Joan Romero), en otro párrafo de la misma obra insiste en destacar que el vespertilio era exclusivo de la heráldica del Reino de Valencia.
Los aragoneses siempre recordaron aquellas banderas con el rat penat y, por supuesto, a la Real Señera con su vespertilio de plata sobre el asta. En los catafalcos funerarios de las exequias reales que se celebraban en Zaragoza -capital de la Corona de Aragón-, con frecuencia figuraba sobre la franja superior de las barras la figura del rat penat. Así, en el erigido en 1621 por óbito de Felipe III, tres figuras ostentan las heráldicas de Valencia, Aragón y Cataluña. En el escudo de nuestro reino aparece un rollizo Rat Penat ocupando la franja horizontal del mismo (Rojas, P.: Lágrimas de Zaragoza en la muerte de Filipo. Zaragoza 1621, p. 76). Es curioso que el Armorial Tudor -manuscrito inglés del s. XVI, estudiado por Cecil Humphery- contiene un murciélago heráldico de grotesca figura, bastante similar al pintado en el túmulo de Zaragoza.
EI ideólogo del catafalco funerario, dado que el barroquismo había devaluado el valor heráldico de la corona (hasta los petimetres la situaban en su escudo familiar), destacaba el rat penat. Todavía en 1512, el italiano Vesconte de Maiolo pintaba sobre el Reino de Valencia -desde el Ebro al Segura- una gran señera en la que figuraba solamente la corona, sin barras ni rat penat. Tanto el escudo de Zaragoza como esta enseña cometían error por defecto.
Hurgando manuscritos y tiznando dedos, pues el que voy a citar está entre los conservados en el Archivo General Militar de Segovia -húmedo, chamuscado y con huellas de haber servido de plato del día al pececillo o lepisma saccharina- hallamos testimonios que indican la pervivencia de nuestra heráldica a través de los siglos. EI documento describe una bandera conservada en el desaparecido Santuario de Atocha: "encima de la corona se halla un murciélago, de que se deduce que dicha bandera perteneció a alguno de los cuerpos del Reino de Valencia que lo tiene en sus armas" (AGMS, Leg. 32, 5.2, D.3).
En consecuencia, la Real Señera la que el 9 de octubre recorre la capital del Reino-, mantiene la simbología tradicional valenciana; aunque el colorido y riqueza de los bordados dificulta su asociación con los mismos símbolos -barras coronadas y murciélago- cuando son labrados en piedra monocromática.
Las Provincias 9 de Octubre de 1995
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Las dos barras de oro coronadas Por Ricardo García Moya
Como es sabido, la imagen de la Real Señera en pergaminos medievales como el de 1410 (B.N.París, Ge. B. 8268) testifica la presencia de la franja azul con la corona y, también, las dos barras de la antigua señal real de Jaime I. En 1459, cuando era habitual el modelo de cuatro, Jaume Roig citaba los bastones de oro coronados ("Spill"), aludiendo a la corona otorgada por el rey y que -a fines del XIV- ya figuraba sobre las dos barras de la moneda del Reino de Valencia. Siglos después, un barcelonés que se inspiraba en Roig, escribía: "Las barras que en el escudo / se ven de oro coronadas" (Liberós, E.: Barcelona, año 1620).
En el XVI proliferaron sospechosas coronas y títulos. EI hidalgo deseaba ser marqués; el condado, reino. Exageraban prosapia tan abusivamente que Felipe II, escamado, ordenaba infructuosamente el 4 de octubre de 1576: "Que no se llame Don a nadie en Cataluña, pues de poco acá se van usurpando títulos de Noble y Don" (A.C. Aragón, L. 651). Coetáneamente, sobre el escudo del condado y el de la Generalidad catalana comenzó a figurar el Rat Penat valenciano y la corona; aunque el monarca, que se sepa, nunca otorgó tal honor. Por el contrario, nuestra Real Señera fue voluntad soberana, y los albaranes que detallan el costo de "brodar la corona" con hilos de oro, así como "les alnes de tela gostança blava"y la plata del Rat Penat demuestran que nuestros antepasados querían que la enseña fuera una joya vexilológica. Para los actos festivos encarga- ban otras de menor valor a artesanos como Joan Cardona, autor de señeras "barrades de or y de grana ab ses corones de dalt daurades y laborades al oli" para la entrada de Carlos I.
Curiosamente, tras la publicación del Tratado de la Real Señera (dónde se exponía que la de Jaime I sólo tenía dos barras), los barceloneses comprobaron estupefactos que su escudo y bandera sólo mostraba dos barras y la cruz. Tras un debate -con Pilar Rahola de protagonista-, el Ayuntamiento de Barcelona modificó oficialmente este verano de 1997 el primitivo escudo de Barcelona (en realidad, de Catalúña) para incrementar hasta cuatro las dos barras que, desde el siglo XIII, formaban uno de los cuadrantes del escudo, alternando con la cruz del condado de Cataluña.
La primicia dada en LAS PROVINCIAS (6-10-85) sobre las dos barras provocó la inquietud inmersora, pero los catalanes reaccionaron con su pragmatismo habitual, proclamando que también les pertenecía la señera de dos barras, de igual modo que el Rat Penat, la corona, el idioma, la cerámica y el sursuncorda. Ahora, los que se burlaban del Tratado de la Real Señera, reivindicaban que la primitiva bandera de Cataluña era de "dues barres" (EI Temps; 9-6-97, p. 63), y que la "bandera de España es una usurpación de la antigua bandera catalana de dos barras" (p. 56). Olvidan un detalle: la primitiva señera pertenecía al monarca aragonés (según proclamaban todos los textos de los siglos XII y XIII, como el del provenzal Peire en 1285: "fai nomnar rey darago, lo senhal del basto"). También la filigrana con escudo de dos barras coronadas, marca de agua del papel valenciano en la Edad Media, la hacen fígurar bajo la palabra Cataluña "Historia del papel en México"(México, 1990). Y es que Hans Lenz, autor del libro, se basa en el "Paper and watermarks in Catalonia" (Amsterdam, 1970) del catalán Oriol (p. 145) y las marcas o filigranas del papel allí fabricado. Oriol usa el eufemismo "levante" para no nombrar al Reino de Valencia, y el pomposo de Principado de Cataluña para referirse al condado, y enredando sobre la filigrana de cuatro barras que, barrunta, representaba al "Kingdom of Catalonia" (p. 257), sin aclarar quién otorgó tal título de reino. Además da a entender que las fábricas de papel de Valencia y Xàtiva pertenecían a Cataluña. Nadie, hasta la fecha, ha dicho ni mu contra estas fantasias papeleras.
Menos mal que en obras imparciales como "Les filigranes, (Leipzig,1923) las cosas quedan claras. Briquet reproduce la filigrana de dos barras coronadas del papel de Campanar, "représentent les armoiries de Valence" (p.151) y, extrañado, comenta que el investigador "Zonghi a trouvé I'écú de Valence sans couronne" (p.151); Briquet estaba sorprendido ante una filigrana del Reino de Valencia sin corona, pues los modelos que él reproduce son de dos barras coronadas, marca de agua que Oriols asocia al "Kingdom of Catalonia", confundiendo al manito de la "Historia del papel en México".
Parece un sainete de Escalante, pero son personajes de carne, hueso y subvención (Oriol Valls, el del papel, la tenía de la fundación Labarre) que siembran errores y trampas en la historìa de los valencianos. Pero hoy es 9 de octubre, así que ignorando a los que tratan de destruir nuestra historia (también la heráldica) custodiaremos a nuestra Real Senyera por las calles de la (todavía) capital del Reino. Quizá en unfuturo, cuando desaparezca la inmersìón, sea restaurado el Centenar de la Ploma para que la bandera sea Ilevada "jinete a la estradiota", recobrando la solemnidad adecuada.
Las Provincias 9 de Octubre de 1997
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Las banderas de cuatro barras en la Comunidad
Por Ricardo García Moya
Desde hace unos decenios, la tenaz labor catalanizadora, unida al desconocimiento que teníamos en temas vexilológicos, favoreció la implantación de banderas de cuatro barras en algunos pueblos valencianos; especialmente en los que habían incrementado población y territorio en este siglo y no tenían enseña propia.
En reciente llamada al cabinista, se recomendaba a LAS PROVINCIAS que "profundizara un poco más; pues en tierras de Castellón, la cuatribarriada es normal en casi todos los pueblos", y Villarreal "lleva la cuatribarriada en las fiestas desde hace muchos años". En primer lugar, no son tantos años, pues se remonta a 1975, aproximadamente, el inicio de la implantación de estas politizadas banderas. Por tanto, no hay que ahondar mucho; todavía en la Guerra Civil, en 1936, los castellonenses, como valencianos que eran, lucharon con banderas coronadas sobre franja azul ("El País", dominical, 6 abril 1986, p. 90).
En la década de los 70, los seguidores de Fuster y Guarner, las introducían en fiestas y recitales fingiendo ingenuidad. Después, una vez dada la apariencia de venerable tradición, se aprobaban con votos de concejales que seguían consignas de partido. Así y todo, las ciudades importantes, como Orihuela, no cayeron en la trampa de modificar su propia enseña por la del rey de Aragón.
La implantación de simbología y lengua catalana ha sido un paso previo para la despersonalización valenciana. También los jóvenes que han sufrido la "inmersión", proclaman que los barbarismos catalanes (desde el "amb" al "desenvolupar", pasando por el "esport") pertenecen al léxico valenciano de toda la vida (su vida). De igual modo, han logrado que "País valenciano" sea el título del territorio "desde hace muchos años". El avasallamiento catalán está convirtiendo en tradición lo que sólo son falsedades repetidas machaconamente.
Si en la Edad Media fue habitual la presencia de banderas barradas, era por pertenecer a una confederación de estados que tenía corno reino-cabeza al de Aragón. Su simbolismo era similar al de la bandera de España que ondea actualmente en los edificios oficiales, junto a la de cada autonomía; pero en la Edad Media tenían bandera propia los Reinos de Valencia, Nápoles y Mallorca. Ahora bien, todos sabemos que la Corona de Aragón feneció hace siglos y, otro poder expansionista, el catalán, usurpó su enseña. ¿Por qué, entonces, ese empeño en adoptar una enseña que no es de nuestro territorio?
Los ayuntamientos de pueblos valencianos que no existían en el siglo pasado, que tenían dependencia de otro municipio o carecían de heráldica (salvo el caso de Sagunto, que ha incluido la corona y el Rat Penat arriba del asta, no en el tejido) son los que más "presumen" de cuatro barras en banderas y adargas. Están repitiendo un curioso fenómeno que sucedió en Cataluña a fines del siglo pasado. Quien lo cuenta es Armando de Fluviá, historiador catalán:
"Los sellos municipales del siglo XIX y principios del XX es que, por un patrioterismo mal entendido, la mayoría de municipios quisieron incluir en los escudos la señal de los cuatro palos, quizá pensando que poniéndolos serian más catalanes" (Fluviá, Armando: "El Temps", 4 de mayo de 1987, p. 46").
Asi de simple es la motivación que está impulsando el olvido de la heráldica propia, pues la bandera es sólo la traslación a un soporte ligero –tejido- de los símbolos que expresan la singularidad de la villa; sea la llave del Reino, como Biar, o el pájaro Oriol de Orihuela. Lo que debiera hacerse -si es que todavía somos un pueblo singularizado, y no una colonia de otra región- es regularizar la bandera de los pueblos que carecen de ella, utilizando la Real Señera, y en su centro, la heráldica local. En la actualidad, los ayuntamientos socialistas hacen esta superposición, pero usando la bandera de Cataluña.
Las actuales autonomías de Andalucía, Extremadura, Madrid y Rioja, como es sabido, fueron conquistadas con la bandera del rey de Castilla. Jamás tuvieron bandera propia, pero Blas Infante, Leguina y otros "diseñadores" crearon en nuestro siglo sus banderas y, que yo sepa, no hay ningún pueblo en Andalucía, Rioja, Madrid o Extremadura que esté tratando de imponer la bandera de Fernando III de Castilla y llorando por ser castellano ¿Por qué en el Reino de Valencia, con una Real Señera propia desde el siglo XIV, tratan de humillarla y adoptar la antigua con los palos de Aragón y, ahora, de Cataluña? ¿Es que alguna vez han pertenecido Castellón, Santa Pola o Villareal, por citar casos concretos, a Cataluña o Aragón?
De todas formas, difícil será adoptar cualquier iniciativa con el poder en manos de una Generalidad que está formando mediante la "inmersió catalana" -unos valencianos jenízaros-; y no es ningún insulto, sino realidad. Los jenízaros fueron, en el siglo XIV, un cuerpo militar de élite preparado por los turcos para luchar contra los ejércitos católicos. Su disciplinada formación consistía en un lavado de cerebro, que incluía la "inmersión islámica" para incrementar el odio a su misma raza, ya que eran cristianos capturados en incursiones o hijos de cristianos cautivos. Es decir, se transformaban en los enemigos más encarnizados y crueles de su misma raza.
Las Provincias
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